Un estudio extraordinario (II)

2.

 

                                                    Mañana es hoy

<<Mañana es hoy Rubén. ¡Mañana es hoy!>> recordó el Inspector Rubén aquellos momentos de duros exámenes bastantes años atrás y la voz de su madre, que conocía en sus propias carnes la presión que por su hijo era ignorada. ¿En qué cabeza cabía la abrumadora tranquilidad de Rubén ante tan tremendos exámenes finales?

Con el paso de los años se acabaron los inolvidables y aburridos ratos sentado frente a unos libros de más de trescientas hojas para una única asignatura, pero no desapareció el consejo que su pobre madre le ofrecía y finalmente recriminaba. Sin embargo, aunque así fuera, nunca habían llegado a tener discusiones.

-Mañana es hoy Rubén, mañana es hoy…Comentó rozando con los dedos de una mano la foto de su hijo. El único motivo para la aparición de su sempiterno sentimiento de culpa.

Se puso la chaqueta, recogió las llaves agarradas de un gracioso souvenir, traído por un amigo de algún país extranjero y, evitando pensar en cosas capaces de entristecerle salió de casa.

 

Una vez en el trabajo lo mismo de siempre. ¿No podrían variar los casos por una vez en la vida? ¿Aunque solo fuera por dedicarse a algo más interesante? Un asesino en serie tal vez hubiera sido la clave, sin embargo las noticias aquella mañana eran las de siempre.

-Canfali.

-Sí, Rubén, Canfali. ¿Qué tiene de raro? ¡Es lo de siempre!

-Ahí está el problema, tú misma lo has dicho: lo de siempre.

-Sí, Rubén-repitió Virginia carpeta en mano y con cara de pocos amigos. ¡A ver si solamente era lunes para el Inspector Rubén!-pero el caso es distinto…¡Rubén! Dijo en voz alta chasqueando los dedos para despertarlo.

-¿Eh?

-Rubén, ¿te pasa algo? Es que hoy no eres el mismo de siempre. ¿Te ha sucedido algo durante el fin de semana? Porque Ernesto no me ha dicho nada…

Interesada, Virginia se sentó a la mesa de su compañero. Hacía años que trabajaban juntos y el triste hecho que le había tocado vivir a Rubén había pasado de boca en boca de  todos sus compañeros. No era un secreto para nadie ni tampoco para ella. Una fugaz y triste sonrisa apareció y desapareció, tal y como había llegado a su cara. Ahora lo entendía todo, pensó tras haber mirado de una discreta y casi prohibida forma el calendario.

¿No era ese el día en que…? <<Sí, no estás equivocada.>> Aunque prefirió inclinarse a no decir nada. Mejor sería esperar al momento en que Rubén quisiera hablar.

-No, Virginia, no es nada.

-¿Seguro? Ya sabes dónde nos tienes si necesitas algo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ni tan siquiera el propio Ernesto debía de conocer aquello que había dejado al Inspector Rubén en semejante estado de apatía.

Rubén Posada asintió y sin ganas de ponerse a llorar de un momento a otro como un crío carraspeó. No podía dejarse llevar por los sentimientos, por profundos que estos fueran. No podía y menos ese día.

Desde el mismo día de hacía ya cuatro años había sentido que aún no estaba todo perdido. En alguna parte de algún lugar, por remoto que éste fuera, tenía que haber una solución. <<No puedo dejarlo todo, no ahora>> se dijo en más de una ocasión sintiéndose desfallecido y creyendo que la suerte no estaba de su lado. Y no lo hizo.

Ahora, cuatro años después continuaba luchando << y seguiré haciéndolo. No pienso echarme atrás. No mientras pueda>>. ¿Dónde estaría? La enigmática pregunta sin respuesta aparente anidaba dentro de su cabeza como principal prioridad de vida. Nada tenía sentido ya para él, excepto su gana de luchar y la esperanza de un día mejor en el que por fin podría decir <<ya está, ya ha pasado todo, todo>>.

 

-¿Qué tienes interesante para mí hoy, Virginia? Carraspeó de nuevo al final de la frase.

-Todo esto. Su compañera le dejó sobre la mesa dos carpetas con abundante información dispersa en folios. A la vista estaba que el principal nombre de la lista no sería otro que Canfali.

-Canfali…

-Sí, ya te lo he dicho. Pensé que me escuchabas, Rubén, cómo mencionaste al susodicho… Contestó Virginia Díaz desganada, mientras sacaba una foto del célebre Doctor Thomas Canfali y la colocaba ante la vista del inspector.

-Siento darte tanta guerra hoy, Virginia, pero…En fin creo que…ya lo sabes.

-Quince de marzo, ¿cierto?

El inspector bajó la cabeza fingiendo buscar documentación importante para el caso, aunque en realidad solamente pretendía no cruzar la mirada con la de su amiga. Quien con total seguridad había reparado en el día y le tendía una mirada tierna y compasiva a la vez que pensaba <<pobre Rubén, debe de estar totalmente hundido el día de hoy>>.

-Sé lo que estás pensando.

-¿Y el qué si puede saberse? Preguntó ella con ironía cruzando los brazos y mostrando una sonrisa burlona, con la única finalidad de al menos hacerle pasar un buen rato, aunque el chiste careciera de cualquier tipo de gracia.

Rubén Posada levantó la cabeza, ya que durante su último comentario seguía abriendo y cerrando ambas carpetas sistemáticamente. Con una directa y entristecida mirada le indicó el asunto a tratar.

<<¿Necesitas qué te lo diga?>> parecían explicar sus apagados ojos.

-No. Musitó ella con las mismas ganas que su compañero.

-Sí, sabía que te darías cuenta. Quince de marzo. Cuatro años. Cuatro años que me parecen toda una vida…Toda una vida sin…sin…No fue capaz a terminar la frase. Se levantó y miró hacia la ventana. Dando por consiguiente la espalda a una también callada Virginia Díaz.

-No desistas. ¿Es lo qué siempre te dices a ti mismo no? Sonrió ella esperando levantarle el ánimo aunque fuera solo un poquito. Recordó en ese instante a su hermano pequeño cuando era niño y le decía a su madre <<¿Me das un poco de helado de chocolate? Y ante la atenta y poco convencida visión de su progenitora, preguntaba entrecerrando los dedos pulgar e índice <<¿Solo un poquito así?>>

-Sí, sin embargo cada año que pasa es peor. Cada nuevo quince de marzo se me hace más insoportable. No sabes lo que es que se te caiga la casa encima, que se te venga el mundo abajo. Observar sin poder hacer nada para remediarlo, como se ha desmoronado toda tu vida, como una viga maestra en un edificio que se ha incendiado por completo.

El Sol se filtraba por las rendijas de los estores de  la ventana de aquel despacho de la comisaría. El mismo Sol que debería filtrarse por el cuerpo del desesperanzado Inspector Rubén Posada.

-Piensa qué vendrán años mejores. Algún día, por lejano que te parezca, todo esto será  pasado y, aunque sientas miedo, no podrá volver. Caso cerrado, fin de la investigación. Sonrió y consiguió animar a su compañero que se dio la vuelta y con una leve sonrisa en los labios se lo agradeció tímidamente diciendo <<gracias>>.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s