Un estudio extraordinario (III)

3.

-¡Mañana será otro día, mañana será otro día! Se burlaba uno de los doctores que trabajaba con el genial pero malévolo Thomas Canfali.

-Pues para mí cada día es igual. Cada vez todo me parece más asqueroso…

-Y que lo digas-comentó el primero-pasan los días, pasan los días, pero solamente son distintos para Canfali. ¿Quién me mandaría a mí unirme a este laboratorio? ¿En qué estaría yo pensando? ¡Maldita sea! Y lanzó una probeta vacía que se rompió al tomar contacto con el suelo.

-Ahí está mejor-resumió la Doctora suspirando-al fin y al cabo Canfali la quería tirar. ¿No es así?

El Doctor Hechei asintió sin pronunciar palabra. No era de extrañar puesto que exceptuando insólitas ocasiones no solía hablar nunca.

-Tú a ver si hablas más de vez en cuando y dices algo algún día, que hasta ayer según me han dicho ni pío. Y menos aún cuando Canfali está delante.

-No seas así Doctor Grande, cuando estamos nosotros siempre habla ¿Verdad?  Miró el Doctor Cardón al Doctor Hechei.

El Doctor Grande siguió trabajando en unos papeles de un importante experimento, que Thomas Canfali le había ordenado revisar, con riesgo de sufrir las consecuencias.

 

De repente el sonido de la metalizada puerta hizo que todos los allí presentes se levantaran y se quedaran totalmente rectos evitando hacer el menor ruido posible.

-Vaya, vean a quién tenemos aquí. Grande vaya al Laboratorio 3-A. Inmediatamente. ¿No me ha oído bien? ¡Inmediatamente significa correr! ¡Vamos! Vociferó Canfali que esa mañana se había levantado con más energía de la habitual.

-Luego decía él de Hechei. Susurró mirando al suelo y jugando con la masa pegajosa dejada por las gotas derramadas que aún quedaban en el fondo de la probeta.

-¡Cardón!

El mencionado doctor entreabrió la boca y sin decir nada se señaló a sí mismo. Pobre de él. Thomas Canfali había escuchado su comentario y ahora sería capaz de hacerlo trizas, cosa que sabiendo quién era el Doctor Thomas Canfali no era de extrañar que se le pasase pensamiento tal por la mente.

-Sí, usted. ¿Le gustaría estar fuera de mi proyecto?

Los dos doctores restantes lo miraron disgustados esperando las duras palabras que su jefe iba a pronunciarle.

-No, para nada, Doctor Canfali. Sentenció con los ojos cerrados y la cabeza encogida pegada a los hombros.

-Pero, estírese. No le está prohibido.

-Gracias, Doctor Canfali. Relajó entonces la postura el Doctor Cardón.

-¿Qué haría usted fuera de este inigualable proyecto, Doctor?

 

El sempiterno callado Doctor Hechei miró semiasustado a la Doctora. Pobre del Doctor Cardón. No era suficiente para Canfali pensar de él que era un metepatas y decirlo a sus compañeros, sino que su cara pretendía algo más.

-Nada, se lo aseguro. De veras que quiero continuar con el proyecto.

-Pues entonces deje de hacer furtivos comentarios. Tengo un oído ultrasensible, pero claro usted no puede saberlo, porque no es más que un estúpido metepatas.

Canfali echó una mirada alrededor de la estancia y acto seguido antes de decidirse a salir indicó-volved al trabajo.

Antes de que el Doctor saliera aparecieron por la puerta un hombre y una mujer vestidos de verde que portando una mascarilla sentaron al niño en la camilla y volvieron a marcharse por donde habían venido.

-Y mañana sería otro día. Se oyó comentar a una débil voz presuntamente perteneciente al Doctor Hechei.

 

 

Fuera de allí Canfali se cruzó por uno de los numerosos pasillos con un asistente que se acercó a comentarle un nuevo hallazgo y, que no recibió precisamente una respuesta nada agradable al oído.

-¿Tú te crees qué son horas para venir con semejantes sandeces, Louis?

-Perdone Doctor Canfali pero este hallazgo ha sido descubierto hace apenas unos instantes y puede revolucionar la ciencia y la humanidad en un abrir y cerrar de ojos. Créame. Realmente es importante.

-¿Importante? Eso piensas que eres tú-le respondió Canfali sin ni tan siquiera achantarse un momento, ante un joven altivo y presuntuoso como pocos-Se nota que no perteneces a la vieja escuela.

El joven que, había salido hacía tan solo unos años de la facultad y, con un expediente cómo pocos se habían visto, había sido seleccionado por Thomas para colaborar con él; abría y cerraba la boca intentando hablar, aunque la visión de todos sus papeles rotos y desperdigados por el suelo lo había llevado a un profundo estado de shock.

-Haz el favor de recogerlos, Louis-dijo Canfali imitando al hombre amable y cariñoso que no era-esta es una ciudad pulcra y saludable. Si la policía te viera te pondrían una multa con referencia medioambiental. Y le guiñó un ojo mientras le daba una ridícula palmada en la espalda.

-Pe…pe…pe…r…ro…ro…-Acertó el joven a tartamudear mientras el Doctor Thomas Canfali se alejaba-E…e…era im…por…Era importante. Susurró al fin y, desde entonces, un notable tartamudeo entraba en escena cuando se ponía nervioso.

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