Martin

Era una soleada mañana del mes de agosto en Benidorm. Yo tenía siete años y medio, y desde que lo vi por primera vez en aquella tienda me encantó.

Podríamos decir que lo nuestro fue un amor a primera vista. Aunque a su vez tampoco tenemos esa posibilidad, ya que lo nuestro no fue un cariño casual o como el que se puedan tener los veinteañeros. No, para Martin y para mí todo fue muy distinto.

El propietario de la tienda era un hombre realmente agradable. Ni muy alto ni muy bajo, yo diría que de estatura media. Con el pelo y los ojos castaños y quizás algo calvo, según se mire.

Él desde el primer momento comprendió que Martin y yo éramos amigos, que teníamos un no se sabe qué en común. Una relación más fuerte que todo. Lo conocido como una verdadera amistad.

-Puedes quedártelo. Si quieres es tuyo.

-¿De veras? ¿Puedo quedarme con él?

El tendero asintió. –Sí, ¡y cuídalo bien!-comentó riendo.

-¡Muchísimas gracias! –abrí los ojos como platos sin apenas creerme lo que había sucedido. ¡Juntos para siempre!

-Te lo doy a ti porque acabo de ver que habéis iniciado una amistad infranqueable. Por eso sé que no estará con nadie mejor que contigo. Pero cuídalo, no hagas como muchos que los recogen y luego los compañeros de fatiga de tu amigo acaban sufriendo.

Negué enérgicamente con la cabeza varias veces –no señor, lo cuidaré. Se lo prometo. ¿Pero realmente me lo da? ¿No es una broma?

-Relájate, no es mentira. Eso sí: cuídalo bien.

-¡Desde luego!-le contesté feliz de que ya no tuviésemos que separarnos.

Yo sabía que esa amistad era muy especial, realmente especial. Además de saber a la perfección que Martin no era como los demás. No se parecía en nada más que en el color al resto de sus compañeros de fatiga como me dijo el dueño de la pequeña tienda.

-Ahora que va a ser un miembro más de la familia habrás de ponerle un nombre.

-¡Sí Papá!

-¡Hemos de buscarle uno bonito! ¿No creéis?-nos preguntó Mamá sonriente.

-¡No hace falta Mamá!

-¿Y por qué no? ¡No querrás ponerle a tu amiguito un nombre horripilante!

-No Papá-les contesté riendo a carcajada limpia-es que ya tiene un nombre.

-¿Entonces?

Mis padres se quedaron mirándome sin saber muy bien qué decir y, esperando ansiosos mi respuesta. ¿Cómo se iría a llamar mi mejor amigo?

-¡Martin!

-¿Martín?

-No Papá, en inglés. Sin tilde.

-Entiendo…

Los miré sonriendo alegre porque les gustase mi idea -¿en serio os gusta?

-¡Por supuesto!-me abrazó Mamá-Y seguro que a partir de ahora será uno más de la familia ¿no crees?

Asentí a modo de respuesta mientras veía a Martin tumbado en la arena…

Desde ese año siempre me acompaña en todas las vacaciones y nunca nos hemos separado. Ni nunca lo haremos, ya que es un gran amigo que aunque la gente piense que solo es un flotador en forma de salchicha, con un gran círculo en el medio y de color naranja no es así.

Camina y se comporta como el que más, y tiene una gran habilidad, ya que entiende todas las lenguas del mundo. Algo bueno de no ser de este planeta…Ya que en el suyo pueden hacerlo todos.

Razón tenía yo cuando con tan sólo siete años lo vi en el escaparate de aquella tienda y supe que seríamos amigos. Bueno, y él también acertó. Porque tengo que deciros que él también al verme pensó lo mismo…Realmente nunca me dijo nada, pero yo sé que él sintió lo mismo. Lo que sucede es que en el fondo a veces, le da un pelín de vergüenza reconocerlo.

Y a continuación os contaré un secreto, pero solamente si todos me prometéis que no le diréis nada a nadie…Martin es marciano. Sí, marciano, de los de Marte. Pero es muy agradable, si algún día llegáis a encontraros con él ya os daréis cuenta de que no miento.

Martin tiene poderes, sí, poderes. No es nada raro en él ni en el resto de sus compatriotas. La nave la llave consigo siempre, ya que no tiene platillo volante. Sino que lleva siempre escondida en el bolsillo una pequeña antena que al tocar la tierra le hace llegar a Marte a toda velocidad.

Ahora ya conocéis a Martin, así que si algún día os encontráis con algo parecido a un flotador de color naranja, y como una salchicha, sobre la arena, saludadlo. Será Martin encantado de hacer nuevos amigos.

P.D: Lo que Mamá y Papá nunca llegaron a saber es que Martin ya tenía nombre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s