Un estudio extraordinario (IV)

4.

Un nuevo cuarto aniversario

-Rubén, ven. Tienes que ver algo y conocer a alguien. Aunque más bien son ellos los que te quieren conocer a ti. Avisó al Inspector su compañera Virginia.

-¿A esta hora? ¡Si tan sólo son las diez y cuarto de la mañana! ¿Acaso alguien quiere formalizar una nueva denuncia?

-Me parece que no… Más bien, diría yo, lo que pretenden es aportar información y buscar ayuda y un sólido apoyo… Pero es mejor que lo compruebes por ti mismo.

El Inspector Rubén Posada salió de su despacho y a la entrada de la Comisaría encontró a una mujer y a un niño vestido con sus mejores galas. La mujer, seriamente afectada debido, seguramente, a una fuerte impresión, parecía la madre del niño y tenía porte de pertenecer a familia adinerada.

-Buenos días. Sentimos haberlo interrumpido de esta forma. ¿Es usted el Inspector…?

-Posada, sí. Rubén Posada. Un placer. Mi compañera apenas me ha adelantado una parte… ¿Qué precisan de mí?

La mujer alejó al niño unos metros y con discreción comentó al oído del Inspector:

-resulta bastante delicado para explicar en público. ¿No cree qué sería mejor que hablásemos en privado?

-¿Y el niño?

-¡Oh! No se preocupe. El niño es mi hijo-lo aferró-y también viene a contarle algo relacionado con el motivo que me ha traído hasta aquí.-Rubén Posada observó al niño, de no más de once años, asintiendo con firmeza. Desde luego aquella pareja no parecían estar a punto de contarle un “cuento chino”, como tantos otros habían llegado a él…-Además cuando le explique quienes somos seguro que un recuerdo se le viene a la cabeza…

-¿Está segura de que podemos tratar, lo que usted ha venido a tratar, delante de él? La mujer asintió con gravedad mientras el niño no apartaba sus ojos del desconcertado rostro del Inspector. No hacía tanto tiempo que se había quejado de que todos los días eran exactamente iguales en la Comisaría; pero entre un poquito de cambio y un gran y repentino cambio podría existir un término medio ¿no? Se cruzó de brazos esperando poder dejar de lado, lo más rápido posible, tanto secretismo.

-Sí; en casa nunca ha habido secretos para él y, muchos menos en esta ocasión; sobre todo porque él también está involucrado. Le explicó la angustiada madre al Inspector Rubén Posada que pensó que habría acudido hasta allí para poner de manifiesto lo que algunas personas habrían denominado “cosas de críos”.

-Venga, señora, pasemos a un lugar más tranquilo. Condujo Rubén a la madre y al niño a la sala de interrogatorios, únicamente porque era de las pocas estancias que, en esos momentos, se encontraba vacía y Carmen, la sabia y divertida mujer de la limpieza (ordenada, pulcra y trabajadora como pocas), ya había dejado huella pasando por allí una hora antes. Una vez se hubieron sentado los tres, el Inspector Rubén Posada hizo ademán de dar “luz verde” a la mujer para que comenzase a hablar.

-Verá, señor Inspector, he venido aquí, acompañado por mi hijo como ya le he dicho, para confirmarle algo:-Rubén realizó una mueca con la cara e invitó a la mujer a explicarse-mi esposo continúa con vida, sí. ¡No me mire así! ¡Es cierto!

El Inspector Rubén Posada se acomodó en su asiento con una cara con la que pretendía decir <> ¿Es qué acaso aquella peculiar pareja tenía ganas de divertirse un rato a costa ajena y pretendía hacerlo utilizándolo a él?

-Mamá-intervino de pronto el niño llamando la atención de su madre agarrándola del brazo-seguramente el Inspector no sabe a qué te refieres; seguro que él desconoce la desaparición de Papá. Al menos dile su nombre… Cambió entonces la expresión del rostro de Rubén que pareció decir: <>

-Sí, bueno; tienes razón, hijo. Verá señor Inspector Posada, como ya le he comentado antes seguro que ahora sí que recuerda este detalle, pero claro tiene que disculparme, porque me he puesto nerviosa ¿sabe usted?-Rubén hizo otro ademán con el que la indicaba continuar-mi esposo se llama o se llamaba, porque según sus investigaciones ha fallecido hace tiempo, Carlos Hechei.

-¿Hechei, Hechei? ¡Ah, Carlos Hechei! Lo recuerdo sí lo recuerdo… Usted denunció su desaparición pasadas 48 horas y, siempre mantuvo que había ocurrido todo de una forma muy extraña…

-Efectivamente, pasado el tiempo prudencial me dieron por viuda…

-Así que… Intervino Rubén Posada interesado.

-Así que mi hijo, aquí presente,-le acaricio el cabello-se ha criado durante estos dos últimos años como huérfano de padre.

-Entonces…

-Papá desapareció hace cuatro años: de la noche a la mañana. Pero aún me sigo acordando de él ¿sabe? Si lo escuchase hablar lo reconocería en cualquier lugar.

-Entiendo…-Rubén Posada entrecerró un ojo y enarcó una ceja.-¿Y…?

-En resumidas cuentas, Inspector Posada-prosiguió la mujer-lo que he venido a contarle es lo siguiente: ayer noche mi esposo llamó a casa. Se le oía muy afectado; desde luego nos echaba de menos y, sobre todo, no se fue por su propia voluntad.

-Esperen un momento por favor: tras cuatro años desaparecido y dado por muerto-la abnegada esposa asintió-su marido, el Doctor Carlos Hechei, llamó por teléfono para comunicarles…

-Para decirnos que no estaba muerto y que sentía haberse ido de la forma en que lo hizo. Y a mí me dijo que le hubiera gustado haberme visto crecer durante este tiempo, pero que no había podido por el mismo motivo que lo había hecho desaparecer.

-De veras que lo siento; ha debido de ser un golpe muy duro para usted y su hijo. Enterarse de ese modo… Pero, ¿no ha podido ser alguien dispuesto a gastarles una broma? ¡Desde luego todo tiene que haberles sucedido, también, hace cuatro años!

La mujer rompió a llorar y el niño continuó -no; Mamá tampoco se lo creía, por eso hablé yo con él. ¡Ella también creyó que era una broma! Pero no, era la voz de Papá. Y nos dijo cosas que solamente podíamos saber: él, Mamá y yo. ¡Algo muy malo le ha sucedido a mi padre!

-El mes que vi… El que mes viene-intervino la mujer con lágrimas en los ojos-se cumplirán cuatro años de su desaparición…

-Y el día quince del mes que viene hará cuatro años y dos meses. Susurró el Inspector Rubén Posada fijando la mirada en la pared.

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